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jueves, 13 de noviembre de 2014

Ajedrez


Un movimiento por vez. Primero yo, después... después a quién le toque.
Prefiero creer que es Dios quién mueve las piezas en mi tablero... es más, se que es Él.
Duele, ahoga, asfixia... intento seguir adelante, un movimiento por vez. 
Los movimientos son reglados, son estrictos, no soy libre de hacerlo todo a la vez o no hacer nada. Siempre es un turno a la vez, una casilla por vez. Como en el ajedrez. 

Una postura, una regla, una obligación... todo sigue en el juego. 
Y las cosas son blancas o negras. Y mis grises? Y si quiero salir del juego? Es hasta acabar la partida. Y cuándo acaba? Cuándo mueres? Es el juego que nos toca seguir.





Y si me escapo de este juego?